Dentro de la considerable cantidad de seres vivos que habitan el mundo, sólo hay una tipología capaz de ejemplificar en cada uno de sus especímenes la categoría del absurdo: el homo sapiens. Y ello es debido a que este ser, humano según narran las taxonomías bioambientales, posee una cualidad insólita. El raciocinio. Y, colateralmente, la razón. Pero como sólo aquel que posee algo es capaz de perderlo, el homo sapiens es muy proclive a la pérdida de la razón a pesar del los constantes intentos de preservación y restauración por parte del raciocinio.

El ser humano es el único animal que se pasa media vida deseando enamorarse y la otra media, una vez enamorado, queriendo desenamorarse. También es el único ser que, obligado por lo social de la puesta en común de la razón, tiene que trabajar para vivir y termina viviendo para trabajar. Media vida se la pasa deseando encontrar un trabajo y la otra media, ya activo dentro del mercado laboral, lamentándose y soñando con escaparse de sus penosas actividades profesionales. Además, el objeto de estudio favorito de la sociología es el único animal que rehúsa voluntariamente la ingestión de alimentos aún y cuando tiene mucha hambre a través de un sinfín de argumentos basados en unívocos edictos estéticos que, en el fondo, esconden motivos que persiguen una actividad sexual no reproductiva. Su incoherencia es tal que se permite odiar a sus amigos y amar o desear a sus enemigos.

Nuestro espécimen, además es ególatra, como lo demuestran una cantidad notable de disciplinas surgidas de esa cualidad que lo hace tan célebre: el raciocinio. De su continua veneración por sí mismo surgen ecosistemas como la literatura, el arte, la sociología, la filosofía, la física creacionista, la religión, la antropología, la psicología, la anatomía médica y el periodismo. A pesar de todos estos y demás análisis centrados en la concienzuda observación del contexto en relación a sí mismo cuya finalidad implícita es la creación de un manual del buen ser humano y de los correctos usos del raciocino, el hombre es el único animal que tropieza con la misma piedra cien veces. Será que, como es el único animal que posee maletas, colecciona involuntariamente los errores propios para sacarlos de nuevo al escenario existencial en los momentos menos apropiados.

El ser humano es el único ser vivo que desea su personal muerte individual. Y que, sin embargo, aunque no es libre de cometer homicidios voluntarios, los perpetra en dos modalidades: real e hipotéticamente. A pesar de presentarse ante el mundo como un ser soberano de sí mismo, es el único animal que encarcela, arresta y condena a los otros. Para liberarse del la coherencia que requieren los juicios, el homo sapiens es el único animal que exige potestad para emitirlos pero no para recibirlos. El hombre, además, es el único animal que poseyendo una cualidad beneficiosa e innata como el ethos, se permite continuos extravíos dentro de la dictadura del pathos. Si la razón produce monstruos, esto se debe a que, como cualquier otra cualidad humana, es presuntuosamente defectuosa.

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