Y un día dijo el profeta, porque no tenía otra forma de llamar nuestra atención y porque tampoco tenía mucho más que decir en ese momento… “Y la verdad os hará libres” (Juan 8:32). Pasados unos cuantos siglos llegó otro profeta a la tierra y, haciendo uso del apropiacionismo enunciativo, retomó el epígrafe mesiánico y gritó a los cuatro vientos gracias a un micrófono “¡Y la tecnología os hará libres!” (Gates 19:55) Y a éste sí decidimos creerle.

Lo que no nos dijo el mesías tecnócrata es que semejante frase era un contrato social con un sinfín de cláusulas en tipografía 3x3px. de impracticable desciframiento para todos aquellos humanos sin la correspondiente aplicación para la hermeneútica de códigos proféticos con un brillante por veni, vidi, vici. Aunque la verdad era más barata (en un sentido pecuniario, claro está, porque ya se sabe que lo barato frecuentemente sale muy caro), al común de los mortales nos sedujo mucho más la onerosa artillería ligera de la tecnología. Y cierto es, nos hizo libres, pero libres de pensar. Libres de hacer algo los fines de semana. Libres de dormir por las noches. Libres de la comunicación interperonal en vivo y en presencia directa. Libres del darwinismo relacional. Libres de la literatura a tiempo parcial. Libres de los fluidos sexuales del otro. Libres del derecho a desaparecer por un rato considerable. Libres de la imaginación a la hora de masturbarnos. Libres de la obligación de tener que estar siempre y a veces. Libres de la indiferencia hacia los que deportamos de nuestras vidas. Libres de la corrección gramatical. Libres del anticuado sosiego. Libres de la oscuridad de los cines y del sudor de los conciertos. Libres de la confianza en el prójimo. Libres del amor unidireccional. Libres de la creación musical en grupo. Libres del individualismo meritorio. Libres del virtuosismo aleatorio.  La tecnología vino a libernarnos a todos de la determinación que exige la voluntad y de la voluntad que exige la determinación. Y, de paso, a demostrarnos que, dentro de los cables, están los adoquines.

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